sábado, septiembre 13, 2008

estaciones de tránsito

Estaba buscando una primavera que fue vista por última vez debajo de una blusa
Miré en unos ojos que tenían las luces encendidas
pero dentro solo encontré las sombras de un invierno
Pregunté en un banco de la estación, pero allí lo único que había era un tren deshabitado en el andén de las vías muertas, según me dijo una tal Penélope
Luego me quedé mirando el color amarillo y verde de un vestido, pero aquello era una imitación de los meses de abril y mayo
Busqué en los bares de copas, en las cafeterías de moda , pero lo que encontré fueron individuos reteniéndome el paso; nadie me dijo que estaban las mesas reservadas
Me empecé a dar cuenta que me estaba haciendo viejo
lo supe porque al cruzar la calle siempre miraba a los dos lados
Entonces comprendí , a la tercera vuelta del camino , que la primavera no sabe estarse quieta, que solo quiere mirar hacia adelante
Y pasan las noches, como pasas esta página, y me pido otro Drambuie con hielo, y uno va aprendiendo que el amor puede nacer en los días de lluvia, en los de frío; en las estaciones de tránsito
Y son las ganas de vivir la que va imponiendo su costumbre de acomodarse a una historia personal, dándole sentido a las cosas
Ya sabes que en tu rostro nunca se refleja las primaveras que has vivido, si no todas aquellas que el tiempo te ha robado, y te agarras al mundo como el naufrago a una tabla de madera
Como cuando apagas la luz de la mesita de noche, te cubres con la manta, cierras los ojos y recuerdas las posibilidades y sus preguntas, tus manos y las suyas, o el sabor de aquello que te dura
Y se te desprenden hojas verdes del pijama, y se abren tus flores en la cama

6 comentarios:

claudia dijo...

a veces uno aprende que el amor, también puede no nacer, y es ahi cuando todos los días son de lluvia, y todos los días son de frío

qué decirte, que me fascina leerte, que me sorprende, y me llena de esa sensación indecible, de estar leyendo la vida

un abrazo siempre, miguel
cariños
claudia

Carmen dijo...

Es verdad que en la cara no se notan las primaveras sino los inviernos y que uno nunca se arrepiente de lo vivido sino de lo escamoteado a la dicha, de los momentos evaporados, robados, o despeñados por un barranco cuyo precipicio estaba oculto tras la bruma.
Entonces nace la poesía.
Y las letras nos consuelan como lágrimas ajenas, solidarias. Y aprendemos, -¿verdad, Claudia?-aprendemos que el amor duele tanto si crece como si mengua, y crecemos, y aprendemos a mirar La Luna, y crecemos un poco más, y nos hacemos viejos, y tenemos que mirar a los dos lados de la calle al cruzar...
Os quiero.

Waiting for Godot dijo...

Miguel: siempre hermoso todo lo que escribes, me conmueves siempre. Me encanta tenerte a solo un click. Besos para ti.

Cascabel dijo...

En algún sitio leí que los amores más fuertes son los que nacen en invierno, quizá sea verdad.

Tus palabras siempre tienen algo de reconfortante, de camino conocido, de belleza clara y desnuda.

"Como cuando apagas la luz de la mesita de noche, te cubres con la manta, cierras los ojos y recuerdas las posibilidades y sus preguntas, tus manos y las suyas, o el sabor de aquello que te dura..."

A veces me miro las manos y no me parecen mías, me parecen suyas.

Un abrazo, Miguel

LA CAÑA DE ESPAÑA dijo...

¡Vive dios que te encuentras en una prolífica época!
Llámame banal si quieres (es un decir, sé que no lo haras) pero me ha encantado sobre todo el principio... eso de buscar primaveras bajo las blusas. Ya te refieras a los pechos o a los corazones... ambas me parecen bellas analogías.
Un saludo.

-Pato- dijo...

"Estaba buscando una primavera que fue vista por última vez debajo de una blusa"

Tus ojos siempre encuentran lo que buscan.

Aunque sea en estaciones de tránsito.

Besos