miércoles, julio 29, 2015

cuestión de óptica

Escucho sin parar las respiraciones de los objetos
los muebles, las ventanas, las sillas
trato de entender las huellas
que deja el paso del tiempo en ellos
las sucesivas capas de inviernos y veranos
Las oigo latir y me cuentan historias
que yo las escribo sobre el polvo que van acumulando
Un walkman Sony que
sobrevive conmigo
me ha sugerido la siguiente historia

No nos tomábamos en serio la tormenta
Corríamos de un lado al otro de la acera
buscando un no sé qué, tal vez algo
que está en todas partes
Porque las calles mojadas te invitan
a hacer cosas
como amar inmensamente
como creer más en ti
La música de un walkman made in japan
se escapaba de tu oreja
No podíamos evitarlo: íbamos cantando
porque el tiempo nos era
favorable
Tú, mi espantapájaros
te adueñaste de la noche
porque con la misma soltura
te pusiste a bailar 
prodigiosamente bella
encima de un pequeño charco
Yo me reía de tu manera de apartarte
el pelo de la cara
de tu canción de lluvia
Mis ojos tampoco podían dejar de mirar
los diez centímetros de ventaja
que tus piernas
le sacaban a tu falda mojada
Del vaivén de tus caderas
nacían multitudes de playas
La luz intermitente de un semáforo
reflejaba sobre el agua
una versión duplicada de tu cuerpo
como si una estrella transitoria
hubiese bajado a la tierra
Yo respiraba al compás de la lluvia
no había palabra pero si
muchos signos de exclamación
Luego nos cogíamos de la cintura
y nos refugiábamos
debajo del toldo de una tienda de discos
lleno de vientos y guitarras
Al otro lado de la calle
un hombre con paraguas miraba
a dos jóvenes abrazados
"Qué más quieres de mí"
me decías
sembrándome la piel de cicatrices
y plumas
No es fácil escribir
que sus palabras apuntaban sólo
al infinito
No importan los días
ni los años
se cierran los ojos
y está pasando ahora





1 comentarios:

Lu Folino dijo...

Leo este poema después de un año.

Ya está por terminar el verano español y no sé por qué no has vuelto a escribir. En Argentina se dice que lo mata es la humedad.